Los menores que cometen actos delictivos, el tratamiento que reciben es la privación de libertad en una institución, dictada tras un juicio. En estos centros el menor queda en manos de todo un equipo multidisciplinar compuesto por psicólogos, pedagogos, trabajadores y educadores sociales, fiscales, etc. Ellos son los que se encargan de combatir las pautas antisociales con las que el menor ingresa en el centro. Normalmente las características generales del menor que ha delinquido son las siguientes:
v Bajo nivel de inteligencia. Entendido como poca capacidad de adaptarse a situaciones nuevas
v Falta de autocontrol.
v Falta de autoestima. Sintiéndose incomprendido y compensándolo con una sobreestimación (acción delictiva)
v Egocentrismo. Apartados del daño que hacen, no piensan en la sociedad que les rodea
v Desconfianza en los demás.
v Destructividad. Contra los demás o contra uno mismo.
v Escasa estabilidad emocional.
Son pautas que mediante ese internamiento, total o parcial, según sea régimen abierto, semiabierto o cerrado), se intentan cambiar. Para ello la figura del Educador Social es importantísima, es la figura más relevante dentro del centro de reforma, el principal referente al que el niño o niña ha de seguir, y del que más va a aprender. Para conocer toda la información que nos brindo el equipo multidisciplinar del centro, pulsa aquí para ver la entrevista.
En cuanto a mi opinión sobre los centros de reforma, tengo que decir que aunque sea reticente al internamiento con su consecutiva pérdida de libertad, tras haber estudiado el tema y haber investigado, pienso que muchas veces es la mejor opción. Se trata de niños que no tienen ningún valor por la vida, que hacen la vida en su casa imposible o que su casa les hace la vida imposible a ellos. Hay veces que están mejor encerrados con una serie de oportunidades, una formación, un orden y un cariño, que totalmente abandonados en su entorno. Incluso algunas de las educadoras y psicólogas que trabajaban en el centro y que nos atendieron, nos contaron que había chicos que habían vuelto a delinquir para ver si tenían la oportunidad de regresar al centro, y otros que se lo pedían continuamente. Esos chicos ahora con total “libertad”, añoraban esa estancia en la que su libertad había estado privada, pero sin embargo tenían un orden, un afecto y una formación.
Por otro lado, en cuanto a la reinserción de estos chicos, nos siempre es la mejor, aunque siempre les queda algo de lo aprendido y muchos de ellos si la consiguen.

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